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Las sociedades también despiertan ...
En estos tres meses, parece que, cuando alguna puerta comienza a abrirse, el gobierno sale al ruedo con una retórica que aviva las llamas.
Para retomar el diálogo, y aspirar a una recuperación de la paz social, al menos al estado relativo previo al 11 de Marzo, tiene que haber predisposición de las partes; realmente es muy difícil que los hombres que representan al campo encuentren esa voluntad si en la misma oración con la que los convocan se encuentran con un insulto que hiere su dignidad.
Con todo, aprovechando el aporte de la Iglesia y la intervención del Defensor del Pueblo, el campo es quien vuelve a ceder y abrir una puerta; el gobierno reacciona de la peor forma que puede reaccionar, y se empeña, adrede o no, en volverla a cerrar con verbo encendido.
Trato de entender la razón de este comportamiento y tan solo logro dar con dos posibilidades:
1- El Frente Para la Victoria es una asociación de personas que tienen en común un desarrollo débil de lo que la moderna psicología ha llamado “Inteligencia Emocional”.
2- Al gobierno, por alguna razón, le conviene prolongar el conflicto.
Bien, si fuera el primer caso, deberíamos ser comprensivos y aceptar que el equipo de gobierno está haciendo lo que puede; le diría a los productores que lo más inteligente es deponer la medida y apechugar hasta el 2009, ya que entonces, recuperando el Congreso, podemos recuperar media democracia y con ella el debate representativo que legitime la acción de gobierno.
Ahora, ¿por qué le convendría al gobierno que se extienda la crisis? Tengo algunas hipótesis:
1- Sería la forma más fácil de escapar a una terrible crisis energética en los meses invernales. Con las fábricas a media marcha, los camiones parados y los presupuestos familiares restringidos, pasaríamos el invierno con un mínimo de inconvenientes en este sentido; crisis por crisis, después de cinco años, la insuficiente energía es completamente achacable a una pésima gestión, mientras que la crisis del campo, en el mejor de los escenarios futuros, puede justificarse políticamente.
2- El paro del agro es la mejor forma de enfriar la economía sin dar la cara por ello y controlar mínimamente la inflación, evitando de esta manera tomar medidas serias para comenzar a desenredar la madeja de subsidios cruzados, controles de precios y otros malabarismos que mantienen los números equilibrados para el dibujo.
3- En tercer lugar, han disminuido los accidentes, un tema que también venía generando polémica.
Un verdadero homenaje al aspecto más triste de la argentinidad: barrer la basura bajo la alfombra, patearla para adelante y atarlo con alambre.
Tal vez los argentinos ya no aceptemos eso; tal vez los argentinos ya no aceptemos la vulgaridad y deseemos desterrarla, para empezar por donde corresponde, de las actitudes de nuestros gobernantes. Tal vez estemos de acuerdo con CFK en la necesidad de redistribuir el ingreso, pero no aceptamos que lo haga quien ya no tiene autoridad moral, aunque ahora se hagan anuncios de obra pública como si estuviéramos en campaña. Tal vez nos dimos cuenta que gobernar es gestionar y no concentrar poder; o que la democracia es dialogar y generar consenso, muy lejos de mandar y despreciar el discenso. Tal vez aún queden buenas intenciones en el gobierno, pero ya está irreversiblemente afectado del “Síndrome del Pastorcito Mentiroso” y, digan lo que digan, ya nadie puede creerle.
¿De un día para otro? Sí, estas cosas suceden. Así como nosotros, en un momento dormimos y al siguiente no, las sociedades despiertan y cuando salimos de la caverna ya no podemos volver a ser los mismos.
Sin importar como se resuelva esta crisis, ni la Argentina ni los argentinos somos los mismos que hace tres meses. La sociedad ha atravesado un grave conflicto y ha evadido la violencia; esto refleja un importante grado de madurez política del pueblo argentino que, antes o después, terminará siendo acompañado por quien le toque gobernar. Hoy tenemos conciencia de lo que el agro, con sus fortalezas y debilidades, significa para la economía y la cultura nacional. Comprendimos que no basta con llenarnos la boca con palabras bonitas y ya es tiempo que la democracia sea verbo de ejercicio cotidiano y universal…
… con el tiempo, seguramente veremos estos días, no ya como una crisis, sino como una transición hacia el verdadero espíritu republicano y federal; quien sabe, pero podemos ilusionarnos con que la generación del bicentenario está fundando las bases de la nueva REPUBLICA ARGENTINA.
Pablo de la Iglesia Coalición Cívica (Chajarí)
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