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Ciudadanía, un valor en recuperación
por Pablo de la Iglesia
El clientelismo es la masacre de la dignidad argentina, tan pisoteada para algunos sectores muy excluidos, que la han vendido por un subsidio asistencialista de $150.
Como tantos pobres en nuestro país, aislados de la sociedad, cuando encuentran un puntero que les da una caja de alimentos, unas maderas para su chabola o un par de zapatillas para sus hijos (a veces primero una al contado y la otra después que demuestren su lealtad voto mediante, asistencia a una manifestación consumada…), sienten que recuperan algo de su lugar en la comunidad. Pagan cara su gratitud renunciando a sus libertades políticas por mucho menos de lo que les corresponde.
Un precio demasiado bajo y vergonzante para que una dirigencia aprovechada que aprendió que el esfuerzo por impulsar el desarrollo humano no es negocio, porque sabe que un pueblo educado es exigente.
El populismo no es compatible con el sistema más efectivo de distribución del ingreso y por eso la educación sigue relegada en aras del adoctrinamiento vertical y feudal; la apropiación de los instrumentos de promoción social y su uso discrecional por parte de una dirigencia moralmente confundida, únicamente puede superarse con educación y un redescubrimiento del placer obtenido al gozar del fruto de nuestro esfuerzo justamente retribuido.
Para que la semilla del populismo brote, tiene que encontrar un terreno apropiado. Hoy más que nunca, la acción política debe fortalecerse en el esfuerzo formador que devuelve el impulso vital de superación personal, comenzando por la ampliación de un horizonte que nos retribuye el significado de esa palabra que tanto repetimos pero que con frecuencia ignoramos u olvidamos su verdadero alcance: ciudadanía.
No dejemos que Ética, República y Distribución del Ingreso sean palabras que se repiten una y otra vez, y procuremos comprender el valor profundo que le da vida a su ejercicio. Esta crisis que atraviesa nuestro país, es el trabajo del agricultor que prepara la tierra con la esperanza de los buenos tiempos de cosecha y ya vemos como amanece nuestra gran oportunidad, porque está floreciendo una argentinidad llena de colores que buscan convivir armoniosamente y nos estimulan con su vitalidad.
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